Sáb. Jul 11th, 2020

¡Con parásitos incluidos! Régimen venezolano pretende importar atún chino de pésima calidad a Venezuela

La desgracia del régimen venezolano y sus guisos con la compra de atún y conservas chinas, tailandesas y vietnamitas para importar a Venezuela, no es más que mas que comida de gato, el pueblo venezolano merece un bocado de comida decente, no un peor es nada. Para lucrar a terceros por centavos con producto de tercera.

El atún para la mesa de el Venezolano DEBE, estar a un mínimo de 70/30, para sea comestible para un Venezolano digno y no para dárselo a los gatos.,, FUERA ESTOS OPORTUNISTAS CONTRATISTAS CON OFRECEN PRODUCTOS ENLATADOS SOLO CON LA FINALIDAD DE LUCRASE ECONÓMICAMENTE, el gobierno no se puede prestar a seguir dejando entrar al país esta BAZOFIA de alimentos al país solo para un pequeño grupo aumente son ganancias, aun mucho menos teniendo a Ecuador prácticamente al lado con una trayectoria de calidad de atún reflejada en sus exportaciones al mundo en este rubro, tanto Europa como el resto de américa.

Aprovechan este beneficio proteico de nuestra Américalatina; ahora estos guisadores contratistas y comerciantes lo que prefieren es tomarse la molestia de ir al otro lado de el mundo (Tailandia, Vietnam, China) a traer producto de peor calidad pero mas barato y por supuesto sin importarles que por encima de todo se toman el doble de el tiempo en llegar a nuestro país…¿DONDE ESTA LA LÓGICA AQUÍ? …. en LAS GANANCIAS, es una decisión tomada en base a intereses personales mas no en el bienestar de la nutrición de nuestro pueblo Venezolano.

El Gobierno de Indonesia ha presentado sus reclamaciones ante las Organizaciones Regionales de Pesca (ORP) que gestionan las pesquerías de atún tropical en el Pacífico y dentro de las cuales se encontraban inscritos oficialmente los barcos palangreros de pabellón chino que fueron acusados de trato vejatorio a sus tripulantes en las últimas semanas. El Gobierno de Indonesia ha abierto una investigación criminal sobre los hechos.

Los hechos denunciados, acaecidos en el buque chino Long Xing 629, han provocado la intervención del gobierno de Indonesia, país de origen de los marineros, que además de abrir una investigación criminal a la empresa propietaria (Dalian Ocean Fishing), y que opera 32 atuneros más, ha solicitado explicaciones a las autoridades chinas que, a su vez, han anunciado su colaboración en la investigación abierta. El Gobierno indonesio, que ya ha iniciado la repatriación de sus compatriotas desembarcados, ha identificado los dos buques palangreros chinos involucrados en los incidentes, ambos inscritos en las dos organizaciones que gestión el estado biológico del atún y ha sacado a la luz las condiciones laborales a bordo, además de los entierros realizados en el mar, a pesar de que el contrato con los tripulantes especificaba que en caso de deceso los restos serían cremados para entregar las cenizas a sus familiares.

Así, la investigación revela jornadas de trabajo continuadas de 30 horas con seis horas de descanso, durante 13 meses a bordo y una paga final de 150 dólares. Los tripulantes indonesios a bordo de los barcos chinos sólo podían beber agua de mar filtrada, mientras que a los demás tripulantes se les proporcionaba agua mineral embotellada. Asimismo, los armadores chinos incumplieron la cláusula del contrato que estipulaba un seguro de vida de 150.000 dólares en caso de fallecimiento.

El mismo impacto que causó el estudio de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) en el mercado mexicano, al revelar que diversas marcas vendían soya por atún, podría tenerlo en Venezuela.

Al menos tres de las marcas señaladas por engañar a los consumidores también llegaron a millones de hogares venezolanos en los últimos tres años, a través de las despensas distribuidas por el gobierno de Nicolás Maduro.

Desde que se oficializó el plan alimenticio de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), en marzo de 2016, México ha sido uno de los mercados que los intermediarios, escogidos a dedo por las autoridades venezolanas, eligieron para comprar los productos de las despensas, entre éstos, el atún.

Por eso el hallazgo de la Profeco, en el que se evidenció que 14 marcas de atún contenían soya, de 27 analizadas, no es ajeno para los venezolanos.

Una de las marcas peor valoradas por Profeco y que se distribuyó en los hogares venezolanos es El Dorado, que contenía hasta 44% de soya en “masa drenada”.

Una concentración de soya del 30%, 40%, hasta 60% como lo encontramos, pues pasa a ser un ingrediente que sustituye al pescado”, aseguró a Excélsior Guadalupe Velasco Rodríguez, directora del área química-biológica del laboratorio de Profeco.

Además del engaño por parte de los fabricantes al no especificar en el etiquetado la proporción de soya, también hay implicaciones nutricionales en los consumidores al variar el aporte proteico definitivo del producto.

Por cada 100 gramos (una medida estándar) vas a tener una cantidad de proteínas importante, pero nunca tan grande como la del músculo del atún, porque el atún no tiene carbohidratos ni otros componentes, mientras que la soya sí”, explicó Pablo Hernández, nutriólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela, tras analizar los resultados de la Profeco.

El Dorado no es la única marca de atún enlatado con altas concentraciones de soya incluido en las cajas CLAP.

El atún con el sello Ancla contenía hasta 26% de soya en “masa drenada”.

Ambas presentaciones de El Dorado y Ancla mostraron altas concentraciones de soya desde 2015 en otro de los análisis de Profeco, pero eso no impidió que terminaran en las despensas subsidiadas por el gobierno venezolano.

Una tercera marca que se repartió en Venezuela y que contenía hasta 4% de soya fue Tuny.

Sería justificable encontrar uno por ciento de soya, por ejemplo, si se usara con una función tecnológica (algunos productores usan caldo de soya para lograr compactar al pescado). Nuestra conclusión es que la soya está haciendo una sustitución del pescado”, afirmó la directora del área química-biológica del laboratorio de Procuraduría Federal del Consumidor.

EL FRAUDE

Parece claro que detrás de la adición de soya al atún enlatado hay una operación económica: a mayor cantidad de la proteína vegetal, menor es el costo real del producto.

Los intermediarios venezolanos vinieron a México a pedir el atún más barato del mercado sin importar que fuera a costa de la calidad. Sobre la leche barata se les explicó que la proteína se disminuiría hasta tres veces y del atún se les dijo que llevaría más soya que pescado, pero a ellos lo único que les importaba era ahorrar entre dos y cuatro dólares por despensa”, admitió en condición de anonimato uno de los proveedores de despensas mexicano.

Esa práctica de los industriales mexicanos, descubierta por las autoridades, rebotó en los estómagos de los venezolanos.

Las quejas sobre la calidad de los alimentos de los CLAP surgieron desde el inicio del plan estatal. El atún enlatado y la leche en polvo han sido precisamente los productos más cuestionados por los beneficiarios.

La mala calidad de la leche quedó demostrada luego de que el Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de la Universidad Central de Venezuela, a pedido de Armando.info, analizara 14 marcas mexicanas que fueron distribuidas en los CLAP entre finales de 2017 y comienzos de 2018.

Los análisis de la leche en polvo demostraron que las empresas mintieron en el etiquetado y terminaron empaquetando un engrudo alto en sodio y carbohidratos, pero bajo en calcio y proteínas.

El 18 de octubre de 2018 la entonces Procuraduría General de la República (PGR) reveló que había detectado un “esquema fraudulento” entre los intermediarios del gobierno venezolano y las empresas mexicanas a través del cual se comercializaron “productos de baja calidad” y se exportaron con “sobreprecio”, hasta 112% más caros.

En esa oportunidad las autoridades mexicanas apuntaron directamente a la red tejida por los empresarios colombianos Alex Saab Morán y Álvaro Pulido Vargas, principales beneficiarios en la intermediación detrás de los CLAP.

Ahora el estudio de Profeco da la razón a lo que el paladar de los consumidores venezolanos detectó rápidamente, así como a las alertas realizadas por fuentes involucradas en la venta de productos para los CLAP.

Las cifras oficiales indican que entre 2016 y 2018 se repartieron 231 millones de despensas CLAP.

La mayoría de esas cajas ha sido importada y buena parte de los productos fue comprada  en México por intermediarios que se los vendieron al gobierno del presidente Maduro entre 31 y 37 dólares.

En México se llegaron a ensamblar hasta dos mil despensas CLAP por día, ¿Cuánto dinero podría representar este ahorro? Si se ahorraban dos dólares por caja, representaba cuatro mil dólares por día y si lograban ahorrarse cuatro dólares por despensa eran hasta ocho mil dólares por día”, detalló el proveedor mexicano.

En el caso del atún enlatado, el nutriólogo Pablo Hernández explicó que “el aislado proteico de la soya, aunque es un poco más costoso, no es tan caro como la proteína animal. Entonces, sea soya entera, harina de soya o proteína aislada de soya, siempre será más económico que la carne normal”.

Group Grand Limited, la sociedad registrada en Hong Kong con la que Alex Saab y Álvaro Pulido iniciaron su participación en la venta de comida para los CLAP desde finales de 2016, facturó en 6.29 dólares el kilogramo de atún enlatado en enero de 2017. Meses después, en septiembre, lo cobró en 4.22 dólares. En ese lapso pasó de vender cada caja CLAP de 34 dólares a 36.9 dólares.

PIERDE EL CONSUMIDOR

La ganancia de los intermediarios va en demérito de la calidad. En el caso del atún enlatado podría haber otras marcas con altas concentraciones de soya comercializadas, a través de los CLAP. Marhel, La Marina, Mazatún y Capitán Nemo reconocen en sus etiquetas presencia de soya o “caldo vegetal”, pero sin especificar la proporción.

Ninguna de éstas fue analizada por la Profeco al no conseguirse en los establecimientos comerciales de México cuando se recolectó la muestra. Varias de estas marcas, además, son presentaciones en hojuelas o atún desmenuzado, lo que multiplica la posibilidad de encontrar más soya.

En los productos que encontramos más porcentajes de soya son los que se encuentran en las presentaciones en hojuelas y en desmenuzado, que son los más baratos”, advirtió la directora del laboratorio de Profeco.

Esas versiones en hojuelas o desmenuzadas han sido las más criticadas por los venezolanos. En redes sociales han proliferado los videos sobre su mala apariencia, desagradable sabor o la poca consistencia.

Los funcionarios venezolanos han esquivado pronunciarse sobre la calidad, sólo Maduro admitió en diciembre de 2017 que recibieron denuncias pero aseveró que “se tomaron los correctivos de inmediato”.

El atún venezolano siempre fue de muy buena calidad, las diferentes marcas siempre declararon 100% atún. Ahora, cuando no tienes la oportunidad de saber lo que te estás comiendo, es un factor más que se suma a la ya deteriorada alimentación de los venezolanos”, concluyó Marianella Herrera, médico nutriólogo y directora del Observatorio Venezolano de la Salud.

¿De dónde provienen las conservas de atún servidas en las mesas peruanas?
Es tan simple como revisar las etiquetas y enterarse que los grandes distribuidores como Yichang
(Florida), Molitalia (Fanny), la empresa A­1 y las marcas “blancas” de los supermercados como Bell´s,
entre otros, provienen de Tailandia.

“Tailandia ha tenido la virtud de abrir el mercado y dar incentivos. Sin embargo esta flexibilidad
exagerada colisiona con la realidad internacional en el tema de la legislación laboral: el trabajo infantil
e ilegal y de esclavos mancha la industria atunera”, sentencia Alfonso Miranda, presidente del Comité
de Pesca y Acuicultura de la Sociedad Nacional de Industrias.
En abril de este año, la agencia americana Associated Press (AP) ganó el premio Pulitzer en la
categoría Servicio Público por una compilación de nueve artículos donde se evidenciaba la esclavitud
al que son sometidos miles de personas incluidos niños, en uno de los principales proveedores de
atunes en el mundo.
La realidad es escandalosa. Las víctimas son esclavizadas en los barcos, lejos de sus familias,
trabajan más de 20 horas al día sin descanso, son obligados a beber agua sucia y duermen hacinados
en pequeños cuartos con barrotes.

Las periodistas Robin McDowell, Margie Mason, Martha Mendoza y Esther Htusan utilizaron cámaras
escondidas para realizar entrevistas a las víctimas durante meses. Tras la denuncia se liberaron a más
de 2,000 prisioneros en la zona asiática.

Florida, Fanny, A­1 trabajan con la empresa Thai Union Manufacturing.

EE.UU. tiene entre sus principales proveedores a Tailandia y representa cerca del 20% de los US$ 7 mil millones de las exportaciones anuales del país asiático. Estos productos pueden llegar a los
supermercados como Kroger, Albertsons, Wal­Mart y Sysco –el mayor distribuidor de alimentos– y
también de marcas de comida para mascotas como FancyFeast, MeowMix y Lams.
En el 2010, Perú firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Tailandia y las variaciones con respecto
a las importaciones se han incrementado abismalmente. Hasta el año pasado el consumo de
conservas nacionales por persona disminuyó de 5.26 kg a 1.05 kg. Y el de pescado importado se ha
incrementado de 3.69 kg a 5.69 kg en el mismo lapso.
Miranda indica que si las conservas de atún se siguen importando al ritmo de hoy, las industrias
conserveras peruanas terminarán por desaparecer. “En el Perú, la diferencia en costo de estos
productos importados y los nacionales es de un 30%. La cancha no está pareja y las empresas
peruanas tienen el derecho de competir de igual a igual”, aseguró.
El mercado peruano ha sido desplazado por la importaciones tailandesas.
En lo que va del año la marca Florida viene importando de Tailandia más de 300 mil cajas por US$ 12 millones, seguido de Fanny con 117 mil cajas por US$ 4 millones. En tercer lugar está A­1 con más de
US$ 3 millones. En lo que respecta a las marcas blancas de las cadenas, Bell´s lleva la delantera con más de US$ 1 millón, según SUNAT.
Al respecto, representantes de Yichang indicaron a CARETAS que “la fábrica con la que trabajamos en
Tailandia cuenta con todos los estándares de seguridad, salubridad y respeta todas las condiciones
laborales”. Asimismo la empresa que distribuye las conservas de atún A­1 y la cadena de
supermercados peruanos indicaron que cuentan “con los certificados de buenas prácticas” y que
condenan cualquier acto de esclavitud.
Todas estas empresas trabajan con la gigante Thai Union Manufacturing, que el año pasado indicó
que, pese a las auditorias periódicas, resulta difícil garantizar que todos los preprocesadores externos se
adhieran al Código de Conducta.

https://www.excelsior.com.mx/nacional/engano-con-atun-llega-a-venezuela-venta-de-despensas-clap/1302298

Pero esta estafa no solo ha sido en Venezuela, pues esta red se mueve por toda Latinoamérica distribuyendo este producto que atenta contra la salud del consumidor y así quedo en evidencia en el año 2017 en Perú.

¿De dónde provienen las conservas de atún servidas en las mesas peruanas?
Es tan simple como revisar las etiquetas y enterarse que los grandes distribuidores como Yichang
(Florida), Molitalia (Fanny), la empresa A­1 y las marcas “blancas” de los supermercados como Bell´s,
entre otros, provienen de Tailandia.
“Tailandia ha tenido la virtud de abrir el mercado y dar incentivos. Sin embargo esta flexibilidad
exagerada colisiona con la realidad internacional en el tema de la legislación laboral: el trabajo infantil
e ilegal y de esclavos mancha la industria atunera”, sentencia Alfonso Miranda, presidente del Comité
de Pesca y Acuicultura de la Sociedad Nacional de Industrias.
En abril de este año, la agencia americana Associated Press (AP) ganó el premio Pulitzer en la
categoría Servicio Público por una compilación de nueve artículos donde se evidenciaba la esclavitud
al que son sometidos miles de personas incluidos niños, en uno de los principales proveedores de
atunes en el mundo.
La realidad es escandalosa. Las víctimas son esclavizadas en los barcos, lejos de sus familias,
trabajan más de 20 horas al día sin descanso, son obligados a beber agua sucia y duermen hacinados
en pequeños cuartos con barrotes.

Las periodistas Robin McDowell, Margie Mason, Martha Mendoza y Esther Htusan utilizaron cámaras
escondidas para realizar entrevistas a las víctimas durante meses. Tras la denuncia se liberaron a más
de 2,000 prisioneros en la zona asiática.
Florida, Fanny, A­1 trabajan con la empresa Thai Union Manufacturing.

EEUU tiene entre sus principales proveedores a Tailandia y representa cerca del 20% de los US$ 7 mil millones de las exportaciones anuales del país asiático. Estos productos pueden llegar a los
supermercados como Kroger, Albertsons, Wal­Mart y Sysco –el mayor distribuidor de alimentos– y
también de marcas de comida para mascotas como FancyFeast, MeowMix y Lams.

En el 2010, Perú firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Tailandia y las variaciones con respecto
a las importaciones se han incrementado abismalmente. Hasta el año pasado el consumo de
conservas nacionales por persona disminuyó de 5.26 kg a 1.05 kg. Y el de pescado importado se ha
incrementado de 3.69 kg a 5.69 kg en el mismo lapso.

Miranda indica que si las conservas de atún se siguen importando al ritmo de hoy, las industrias
conserveras peruanas terminarán por desaparecer. “En el Perú, la diferencia en costo de estos
productos importados y los nacionales es de un 30%. La cancha no está pareja y las empresas
peruanas tienen el derecho de competir de igual a igual”, aseguró.

El mercado peruano ha sido desplazado por la importaciones tailandesas.  En  año 12017 la marca Florida viene importando de Tailandia más de 300 mil cajas por US$ 12 millones, seguido de Fanny con 117 mil cajas por US$ 4 millones. En tercer lugar está A­1 con más de US$ 3 millones. En lo que respecta a las marcas blancas de las cadenas, Bell´s lleva la delantera con más de US$ 1 millón, según SUNAT.

Al respecto, representantes de Yichang indicaron a CARETAS que “la fábrica con la que trabajamos en
Tailandia cuenta con todos los estándares de seguridad, salubridad y respeta todas las condiciones
laborales”. Asimismo la empresa que distribuye las conservas de atún A­1 y la cadena de
supermercados peruanos indicaron que cuentan “con los certificados de buenas prácticas” y que
condenan cualquier acto de esclavitud.

Todas estas empresas trabajan con la gigante Thai Union Manufacturing, que el año pasado indicó
que, pese a las autorías periódicas, resulta difícil garantizar que todos los preprocesadores externos se
adhieran al Código de Conducta.

 

 

   

 

 

 

 

 

 

         

 

 

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